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El crucigrama

In personales on 29 junio 2012 at 9:00

EL CRUCIGRAMA

En su cruzada contra el marxismo, Franco redujo a dos las clases sociales: industriales y productores. Lo de productor no tuvo mucho éxito, pero industrial, sí. En el colegio siempre teníamos a algún hijo de industrial. Ni tontos ni marxistas, nos preguntábamos: ¿de qué será dueño el padre de este que se las da de industrial? Autónomo fue otra palabra tapadera o baúl que igualaba al fontanero por horas con el comisionista a tanto por ciento. Funcionario era la respuesta comodín para, según en qué regiones, disimular policía o guardia civil. La sombra del franquismo es tan alargada que aún hay quien donde oficio del padre escribe industrial, autónomo o funcionario. Y en paro o jubilado. Como si estar despedido o haber cumplido años fuesen oficios. Por no hablar de la procelosa casilla ama de casa.

ser y estar. Llamamos verticales a las palabras que indican trabajo y jerarquía laboral: albañil o ingeniero, jornalero o terrateniente. Y son horizontales las palabras que indican las fases o las circunstancias por las que atraviesa una vida de trabajo: desde en activo a pensionista.

funcionario, a. Que trabaja para el Estado. La profesora y la princesa. El militar chusquero y el de academia. La Casa Real y el raro cuerpo diplomático. El motorizado personal de Correos y el tópico de la ventanilla de Larra y del vuelva usted mañana.

corrupción. Quien condena la corrupción cree que es más enérgica su condena si le añade venga de donde venga. Y no es verdad. Quienes condenaron la violencia venga de donde venga eran partidarios de remedios nada pacíficos ni pacifistas. La corrupción de quienes están chupando del bote, caso ere, no es la misma corrupción que la de quienes son el bote: Gürteles, Matas o Urdangarines.

política, clase política. No es lo mismo vivir la política, en la política o de la política ni es comparable el señor De Guindos con un alcalde de paso. La derecha manda a sus huestes a la política para que le cuiden su corralito, mientras que la izquierda entra en política con la intención de cambiar las cosas. Que personas de izquierdas se corrompen es indudable, pero esa corrupción no desmiente ‑sino refuerza‑ la idea del principio: hay que cambiar las cosas.

Por un mundo horizontal, piensa en vertical.

Daniel Lebrato, 25 del 6 de 2012

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