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El autobús

In personales on 23 mayo 2012 at 19:11

EL AUTOBÚS en PDF

Sin bajarse del autobús significa ganar un partido tan cómodamente que deja chico el ganar sin despeinarse, que ya era ganar. Distinto es rehuir el partido por miedo a perderlo, y vengan excusas y declaraciones. Sirva esto de entrada para los penúltimos encuentros sobre el sexismo en el lenguaje.

El pasado 4 de marzo el académico Ignacio Bosque, con 26 firmas más, publicó en el país un artículo que, en resumen, venía a desautorizar las guías prácticas de lenguaje no sexista elaboradas por sindicatos y distintas áreas de la mujer, entre ellas la Universidad de Málaga. Mes y medio después, el 25 de abril, Álex Grijelmo publicó en el mismo país otro artículo, conciliador, en el que concluye que los dos bandos actúan bien intencionados y los dos están comprometidos en la lucha por erradicar el sexismo, salvo que el bando criticado da prioridad a los significantes, y el bando crítico, de Ignacio Bosque y firmantes, básicamente la Academia, a los significados.

Para empezar, antes que las buenas o las malas intenciones está la profesión, que para eso nos pagan, y en materia de género la Academia ha mostrado ninguna profesionalidad. Contra sus hábitos y frente a la prisa con que admitió cederrón o azafato en el Diccionario, esta vez la Academia no ha hecho más que abstenerse y criticar. Y digo yo que lo suyo no es dar lecciones de lo malas que son las guías ajenas, sino dictar, como Academia, su propia Guía. Ésta sería un libro de estilo, obligado en medios oficiales (prensa, radio y tv), y un manual de uso para la mayoría, más allá de la vieja prevalencia del masculino sobre el femenino (ya que esa y otras prevalencias son parte del problema, no la solución) y por encima del yo no me siento excluida, cuando hay quien se siente excluida. De eso se trata: de mayorías y minorías. El lenguaje de género puede ser cosa de cuatro feministas, si usted quiere, jefe, pero no es efímero. Ha venido a quedarse y habrá que regularlo en un país donde por educación se visibilizan todas las minorías, donde procuramos no meter la pata en casa del cojo ni hablar de nuestra buena mano en la cocina del manco. Por educación lo hacemos, por contexto y situación, por derechos del receptor.

Con su tono conciliador, quizás Álex Grijelmo le esté echando un guante al bando crítico, que se declara, por supuesto, partidario de la plena igualdad. Al seguir al pie de la letra a Ignacio Bosque y compañía, es como si les dijera: a ver si es verdad. Porque en su sano juicio (de Salomón), Grijelmo distingue a la verdadera madre (la que sufre prejuicios y perjuicios, techo de cristal y pegajoso asfalto) de la madre falsa que, por supuesto, está por la igualdad, faltaría más: todos reconocen el sexismo pero nadie se reconoce sexista.

Dicho lo cual, el artículo de Álex Grijelmo cae en la deformación profesional del lingüista que no ve más que lingüística por todas partes. Como si no influyeran la acción educativa y la acción política. Como si el psoe no hubiera firmado, con una mano, un Ministerio de Igualdad y, con la otra, alianzas con culturas, civilizaciones y Estados que tratan vejatoriamente a sus mujeres. Como si Cospedal o Esperanza Aguirre fuesen a borrar las diferencias entre ellas y sus criadas.

Las palabras entran en sociedad por mecanismos que no explica el Triángulo de Ullman, de significante, significado y referente. Hay triángulos con vértices en la política, la prensa y la enseñanza, que hacen maravillas: libertad o democracia son ‑como Dios‑ conceptos que nadie ha visto y en los que todos creen, como en cultura, arte o derechos de autor, sin ponerlos en duda. Prensa y bipartidismo han pintado monárquico un país que no lo es y nuestras clases medias ‑que aprueban en Occidente o Constitución y suspenden en llamar al capitalismo por su nombre‑ sacan nota en su santidad, monseñor, su alteza o su señoría. Así que, claro que tenemos forma de cambiar muy rápidamente los significantes que usan millones de personas, sin contar propagandas ni tecnicismos de última hora. Memoria histórica o parienta un día vinieron, y se quedaron, y bastó un discurso de un ministro para que en tres telediarios pasáramos de crisis a recesión. Sin eufemismos.

Sin embargo, nos dicen: lo importante es cambiar la realidad (mujer, y nosotras sin saberlo). Otro día nos dijeron que lo importante es comunicar. Y si este lema no mejoró la comunicación (al revés: empezando por la ilegible caligrafía, desde entonces elevada a expresión de la personalidad), ahora los por supuestos pondrán todos sus medios (prensa, radio, tv) para que no cambie nada: ni la realidad ni el lenguaje.

Ni tontos ni marxistas, hagamos como en poesía, reino donde las cosas existen a partir de su nombre. Ya hemos purgado nuestra incultura por una vez que alguien dijo miembros y miembras. Tampoco arquitecto tiene femenino etimológico (no cabe *-tecta, techa), y el drae admite arquitecta. De tal manera, digamos los femeninos que hagan falta, alto y claro lo que pasa, y que les vayan dando a la gramática y a la etimología.

Quien creó el área de Igualdad y Coeducación ‑esos insignificantes‑ olvidó que sin igualdad no hay coeducación y que igualdad y coeducación se llevan mal con colegios religiosos y con muchachas tapadas. Por ahí les viene el miedo: no vayan a salir a campo abierto Iglesia y monarquía, civilizaciones y culturas que tienen mucho que perder si se bajan del autobús.

No tienen porteros.

EL AUTOBÚS. Daniel Lebrato, 23 del 5 de 2012

*Ignacio Bosque, Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, El País, 4 mar 2012

*Álex Grijelmo, Cambiar las palabras o cambiar la realidad, El País, 25 abr 2012

*El Coeducón, http://elwoman.wikispaces.com/

 

CARTA A UN SOLDADO

In personales on 10 mayo 2012 at 11:25

CARTA A UN SOLDADO

Antiguos alumnos y alumnas tengo en las fuerzas armadas. Como salida profesional. Debo ser mal profesor porque la última definición del ejército es la que me ponen la primera: la misión de paz y el servicio público. ¿Servicio?: el agente de tráfico, la socorrista, quien apaga un incendio, quien protege a menores o conduce ambulancias. Cuando el ejército se suma a esas tareas es por una emergencia de tal calibre, que estaría bueno que gente joven físicamente bien preparada no acudiera a remediar la catástrofe. Pero la tropa está de paso en las misiones humanitarias, como el administrativo de mi instituto cuando lo ponen de conserje, que se queja porque él no es conserje. Ustedes están en una institución que dispara, mata o destruye lo que le mande ¿quién? ¿La conciencia de ustedes?, ¿el cabo o el sargento?, ¿el general que jamás estará en la línea de fuego?, ¿el que caza elefantes o el que caza letizias?, ¿el Parlamento, esa clase política que todos cuestionan, menos ustedes?

A quien no obedecen ustedes es a las clases sociales más necesitadas, de las que, por cierto, proceden ustedes. Ustedes defienden intereses ajenos de una clase dominante que también domina Onu, Otan, el Ministerio mal llamado de Defensa. Si esos organismos fueran bienintencionados y la guerra no fuera un negocio capitalista, trabajarían por el desarme a nivel mundial. Desarmados también los países vecinos, no haría falta un ejército como se dice ahora, como fuerza disuasoria y garantía de la paz. ¿Se imaginan que el presupuesto militar revirtiera en gastos sociales? ¿Saben ustedes lo que vale una hora de vuelo de un señorito en su caza? ¿Lo que gasta el Sebastián Elcano con esos hijos de papá por ahí de crucero? ¿Decimos lo que cuesta a España Irak, Afganistán, pensiones de por vida, mutilados, medallas al mérito? Y todo para que el otro bando ponga una bomba que se lleve por delante, no a ustedes, que estaban en su cuartel, sino a indefensas personas que iban en el metro a trabajar. Recuerde Atocha, soldado. ¿O va a decir otra vez que a usted que le registren, que usted obedece órdenes? Tantas veces que les hablan los mandos del enemigo, y lo poco que saben ustedes del enemigo.

Han hecho de ustedes mercenarios, se dice de quien coge un arma por dinero. Trabajar por dinero no es deshonra, lo hacemos todos. El problema es con armas. Y qué decir del extranjero que sirve en las fuerzas españolas, ¿que España es su patria? Ya veremos, cuando el PP ‑como en USA‑ privatice el ejército, cuál es su patria: la empresa privada.

Para cualquier duda, consulten los libros de historia. Militares hubo al servicio del pueblo pero, de dos Repúblicas que tuvimos, una se la cargó el general Pavía y la otra el general Franco. ¿Hablamos de Primo de Rivera o del coronel Tejero? Y consulten ustedes las marcas proveedoras del ejército español. Verán que, de patente española, hay bien poco y que en caso de conflicto armado las patentes extranjeras, con darle a un bando repuestos y negárselos al otro, sin moverse de su despacho habrán decidido quién gana la guerra. ¿Les suena las Malvinas?

Ustedes, mi gente, no vinieron al mundo para marcar el paso, presentar armas, izquierda, derecha, hip árou, hip árou. Nada de eso, ni con balas de verdad ni de fogueo, les enseñamos en el colegio o en el instituto. Que hay que buscarse la vida, es lógico, pero no a cualquier precio. Habiendo fuerzas sociales y de progreso, ¿por qué a las fuerzas armadas?

Daniel Lebrato, 10 del 5 de 2012

La manzana de Newton

In personales on 9 mayo 2012 at 19:04

LA MANZANA DE NEWTON en PDF

Toma uno. Carlos Marx murió en 1883 y difícilmente fue marxista. Culpar a Marx del exterminio metódico y de la realización inexorable del socialismo es tan exacto como culpar a Jesús de Nazaret de las atroces cruzadas, lo dijo Borges, y coger al marxismo por el rábano de China o Cuba es coger al cristianismo por las hojas del Papado de Avignon.

Toma dos. No estuvimos en la Bastilla ni hemos cortado el cuello a rey ninguno pero nuestros avances en república y laicismo algo le deben a aquella guillotina, igual que nuestra pacífica transición democrática algo le debe también al atentado terrorista contra Carrero Blanco.

Toma tres. Quien se mofa de la teoría de la evolución y ríe el chiste del mono vendrá usted se beneficia de una ciencia médica en deuda con Darwin. Desde que la Tierra es redonda ‑o sea, desde Galileo‑, evolucionismo, psicoanálisis o relatividad no son asignaturas optativas sino obligatorias. Todos estuvimos en la pizarra de Einstein y a todos nos dio en la cabeza la manzana de Newton. Algo así pasa con el marxismo.

Para no ser marxistas, tendríamos que haber nacido antes de Adam Smith, último en creer que el trabajo es la riqueza de las naciones. Desde El capital (1864), donde Smith puso naciones se pone burguesía. Marx despejó la fórmula de la plusvalía como trabajo acumulado, y de la fuerza de trabajo como la única mercancía capaz por sí sola de generar riqueza, al tiempo que demostraba el doble fetichismo del dinero y del salario que es la base de la alienación. Este análisis no ha sido nunca rebatido.

Un fanatismo muy común es ver la paja del dogmatismo en el ojo marxista y no ver la viga fanática en el ojo propio. De entre libertad, propiedad o democracia, tomemos por caso el pensamiento religioso, empezando por el curioso método que tiene el Vaticano para lavar sus trapos sucios. Pidiendo perdón a Galileo Galilei, el Papa se perdona a sí mismo, mientras que los terribles delitos marxistas no prescriben nunca.

La militancia cristiana puede justificarse (a) desde sus orígenes: Jesús de Nazaret, aquel hombre tan bueno cuyo mensaje adulteró la Iglesia, que así se salva porque, además de divina, es humana, o (b) desde sus finales: una institución, la Iglesia, que es pilar de occidente. Biblia o Corán serán unas veces (c) la sagrada escritura que a ver quién la mueve, o (d) esa escritura relativa, adaptable a los tiempos que corren. Se trata de (e) bautizar al niño, que la niña haga la primera comunión y que a la morita la tapen de por vida. De la (a) a la (e), hasta con cinco barajas, marcadas todas, juega la religión. Y para el marxismo, ni cartas.

Ni tontos ni marxistas, el juego es que un sistema injusto lo tome por justo quien lo sufre o quien podría ‑con otro sistema‑ vivir mejor, gran masa que, en tiempos democráticos, qué curioso que no acierte nunca a plasmar sus mayorías en el conjunto de unas naciones que se llaman unidas. Ahora que se habla de visibilidad, pongámonos las gafas de la visibilidad social que nos quitamos cuando cayó el Muro de Berlín, y a ver qué vemos en andamios, inmigración, tercer y cuarto mundo. Puede que el marxismo haya muerto. Quien no ha muerto, porque se necesita viva, es la mano de obra a la que un sistema extrae plusvalías y materias primas a cambio de unos salarios que si fueran justos no serían salario. ¿Alienados? No, gracias.

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daniellebrato@gmail.com, 10 del 5 de 2012

Sevilla, Geografía e Historia

In personales on 1 mayo 2012 at 11:05

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Artículo relacionado: La fiesta según Sevilla

 

Que la historia es la mentira encuadernada lo decían profesores de la materia cuando, al llegar República y Guerra Civil, se saltaban esas lecciones. Más que mentira, la historia se apaña o se amaña para que el presente encaje. Por algo los demócratas entre comillas han ido a la Atenas de Pericles para hacerle a la democracia un vestidito. La historia se escribe en analepsis, en vuelta atrás. Tú dime qué quieres del presente y yo te cuento un cuento a tu medida. Para justificar el Estado de Israel, las películas de nazis. Para la transición española, el Cuéntame cómo pasó. Y al Rey, que me lo maquillen para el 23-F.

La geografía es un tratado del paisaje, antigua y noble curiosidad de viajeros. Y hay una geografía que explica el paisaje por la economía y las clases sociales. El profesor Antonio Miguel Bernal nos enseñó a buscarle a la geografía económica su sentido. Era como aplicarle la dialéctica a lo que vemos: campo, ciudad o fragmento de ventana. Su enfoque de la ciudad era muy simple. ¿Para qué sirve Sevilla? Joder. Nunca nadie se había planteado que las ciudades sirven.

Ciudad terciaria y privilegiada por la navegación de su río, con poca industria en proporción, sabemos que Sevilla es centro comercial, de transportes y administraciones. Que es puerto fluvial ya discutible, desde que no hay vikingos. Y que tiene una rara capacidad para vivir de sí misma, de sus fiestas, de sus leyendas y miserias, dadas al turismo y a la exportación. Sevilla, marca registrada. Hasta la delincuencia y las Tres Mil Viviendas, venden. Atrás queda la Sevilla que hubiera podido y debido, quizá, ser la capital de las Españas, como también Barcelona o Lisboa. Qué cicatería la del Austria que no quiso trasladar su corte y hacer de Lisboa la capital de Iberia. Ay, Saramago.

Ni tontos ni marxistas, sabemos que a Sevilla la sostiene en su sitio y en su historia aquel fenómeno que bajó de Itálica o del Aljarafe hasta la Alfalfa, lo más alto y lo menos malo de Hispalis la infelice, la insalubre en cuanto se inundaba el Guadalquivir. Este fenómeno humano, estirpe de emperadores, es el señorito. Con su artículo determinante, el señorito es sintagma epiceno que incluye el señorito macho y el señorito hembra; no confundir con señorita.

Lo señorito se basa en la tenencia de la tierra, saca sus cuartos del campo y se los gasta en la ciudad, cifra y compendio de la buena vida: todos los días del año, que fueran Feria o Rocío. Lo tópico es lo típico, y el futuro…, cuán largo me lo fiáis. El señorito ‑estético y vividor, aristocrático y calavera‑ es herencia de una injusticia que viene de siglos: el latifundio. El pueblo ama y aborrece al señorito (todo, menos el término medio) y, tratándose de la buena vida, de su señorito aprende y a señorito aspira. No tenemos una gorda, pero vamos pal Rocío.

Igual que se dice del habla andaluza que ninguno de sus rasgos lingüísticos es exclusivamente andaluz, diríamos del señorito que nada en él es exclusivo. Los santos inocentes están aquí y en Valladolid o en Extremadura y La escopeta nacional, lo mismo en Madrid que en Valencia. Lo pertinente ‑o impertinente‑ de Sevilla, es la concentración de sus rasgos. Ni importa si la Niña Chole ‑quien, por distraerse, echaba hombres a los tiburones‑ era andaluza o no. De la estirpe de Carmen sí que era su mirada, propia de un césar viendo morir gladiadores, mirada que en Sevilla imitó la nobleza. En Semana Santa, que carguen los costaleros, y bajo los faldones, que no quiero verlos, como Lorca, en su Llanto. Y en las corridas, el toreo a pie. Cortos de rienda y de hacienda, los caballeros de Sevilla reservaron sus jacas árabes y jerezanas y dieron la venia a sus gañanes, otra vez gladiadores sobre la arena. Que toree Pepe-Hillo. Y los maestrantes, a ver los toros desde la barrera. Como desde la barrera se asoma el señorito al flamenco y casi, casi, a la Feria de Abril, ese baile macho por sevillanas, que reducen a faena de aliño con su bajonazo final a la cintura. Las sevillanas son claveles y clavellinas. Los sevillanos, barras y varas, antifaces y presidencias.

Y es que de los cinco sentidos, de ninguno se goza el señorito como de la vista y del ser visto. Dicho está que Sevilla es la ciudad barroca, como su portada de Feria, pura fachada, alto sentido del ridículo y tarro de las esencias. Y no será porque Viena, Venecia o Praga se contemplen menos. Es que tienen otras clases dirigentes y otra mentalidad hegemónica. Como en la máscara de Esopo, no busquen más, que no hay. Sevilla es una belleza probablemente hueca.

Una vez que fueron sometidos por la Corona los incómodos tercios moro, judío y protestante, la cultura en Sevilla no pudo ser más contrarreforma, más romana que Roma. Y ahí está la aportación de Sevilla, su I+D, a la cultura universal: el dogma de la inmaculada. Con su visión de la virgen madre y ajeno por completo al calvinismo, el señorito, aprendiz de san Juan y de don Juan, desprecia el trabajo. Lara el editor lo expresó desde la cama: una empresa que te obligue a levantarte antes de las once, no es empresa.

De esa Sevilla superficial, se diría lo que Juan Cobos Wilkins, de la piel: lo más profundo que de ti conoces. Oxímoron: la profunda Sevilla superficial. No hay una Sevilla de retrato artificial frente a otra Sevilla de verdad a la altura de la historia. Aparte de que ‑tal y como está la historia, de invasiones y guerras mundiales‑ preferible estar al margen, la verdad.

No hay más Sevilla que la que arde, y esa arde en cirios nazarenos, habanos de la Maestranza y candelas del Rocío. De Sevilla, se puede decir lo que del dinero y la buena vida: la hay más barata, pero ya no es vida. Hay otra Sevilla, pero ya no es Sevilla. De recordárnoslo, se encargan en las procesiones y en las casetas. Ese tío no es rociero.

La Alameda, el Pumarejo, la otra Sevilla tendrá que preguntar a sus intelectuales de oficio y artistas de copyright qué es lo que hacen por ella. La mayoría, me temo que cultivarse a sí misma como hicieron los señoritos Caro, Arguijo, Laffón o Romero Murube.

Biblia del Oso, Abate Marchena, Blanco White vienen al pelo para sostener la historia de los heterodoxos sevillanos. La última figura hiperplasiada está siendo el ecléctico Chaves Nogales. Toda Sevilla, a leer a Chaves Nogales, díganlo Carlos Colón o Alfonso Lazo. Lo que no va en charanga y pandereta, va en el Diario de Sevilla o en la edición de El Mundo.

Por parte culta, el tópico expresa lo que literatura, pintura, música, fotografía y cine creen ver en Sevilla. Escritores de casa, forasteros o viajeros imaginarios, aquí encontraron locus amoenus y dramatis personae, decoro y decorados, óperas completas. Andalucía por antonomasia, Sevilla es Triana, Alándalus, Guerra de Independencia y, al fondo, Tartessos. Papeletas para la mítica. Esa propensión al mito ‑y algún arquero fino de Sevilla‑ cautivó a Jaime Gil de Biedma. Pero del mito al misterio hay mucho trecho y más aún, hasta la ciudad de ensueño, profunda y esquiva.

La cara popular y no libresca del mito se resume en Cernuda: el Sur es una tierra que llora mientras canta (aunque él se refería a un blues). Y en Machado: cantando la pena, la pena se olvida. Y hay muchas penas: la negra, fatal; la blanca, resignada; penas de azul, de rojo o de violeta. Para penar y cantar, el pueblo está doblemente motivado. Por contraste, con la vida que se pega el señorito, y por simpatía, con los suyos. Sombra y luz que han dado cuerda a la lírica y al flamenco y a esa otra cara de lo que los señoritos meapilas y reaccionarios entienden por la gracia. De todas formas, más gracia tienen en Cádiz y, ya ven: ¡vivan las cadenas!

Para no divagar como alma en pena y sin fin por la ciudad de la gracia, propongo a la juventud que piense Sevilla al margen de la Sevilla del ABC, más rancia imposible. Y, si es difícil saber para qué sirve Sevilla, hay otras preguntas más fáciles. Por ejemplo, ¿a quién sirve [o le sirve] Sevilla?

Al cierre, recuerdo a mis amigos Jiménez Barrientos y Gómez Lara (Jorge y Manolo), empeñados en los 80 en integrar las esencias de Sevilla en un proyecto vital (miedo da decirlo) de izquierdas. Cofradías. Rafael de León. Concha Piquer. Acaso aquel esfuerzo fue comparable al que hicieran ilustres del siglo 18 por aunar patria y progreso, pasado y futuro, sin salir afrancesados en la foto. Bajo el poderoso influjo de Umberto Eco, apocalípticos e integrados, de la crónica sentimental de España, de Vázquez Montalbán, y de Isidoro Moreno, con su lectura laica y republicana de la Semana Santa, Jorge y Manolo lo intentaron. Que si las fiestas de la pasión, la primavera y de los cinco sentidos. Que si la copla como transgresión o válvula de escape del mariquita. A la vista de la Giralda que sigue señalando la herejía, solo nos queda lo que al penúltimo heterodoxo de Ramírez Lozano: caminar por la sombra.

Yo voy con ellos.

Daniel Lebrato, 2 de mayo de 2012

Sevilla, Geografía e Historia en PDF para impresora

Sevilla, Geografía e Historia viene motivado por la lectura de Sevilla, un retrato literario (2011), de Eva Díaz Pérez. Nacida en 1971, Eva pertenece a la tercera generación que moderna o postmodernamente piensa Sevilla. Los primeros fueron Isidoro Moreno y Antonio Miguel Bernal, por delante de Gómez Lara y Jiménez Barrientos, años 90. Ver bibliografía.

Sevilla es cainita y puñetera. Tan clasista como otras, la ciudad no deja indiferente. Lo menos crispado es la división entre Sevilla y Betis o entre Sevilla y Triana. Lo demás, mueve al amor o al odio. Semana Santa, los toros, la Feria. El grado de sevillaneidad o de sevillanismo (términos que significan idoneidad; no aristocracia, que sería sevillanía) va en proporción al número de festejos en que uno puede participar. Lógicamente, no cuentan la Bienal de Flamenco ni el Festival de Cine o el de Territorios, intercambiables con otras ciudades. Tampoco cuentan la vida al margen ni la vida al ritmo de tribus internacionales: jipis, góticos, antis sistema. Todos tienen su ciudad y su literatura. Y algún encontronazo.

La madrugá del año 2000, con su escenificación del Nadie conoce a nadie, de Juan Bonilla, marca ejemplarmente el choque de una Sevilla con otra. Años antes ya hubo conflicto cuando el Gran Poder quiso cambiar su itinerario de regreso y pasar por la plaza de la Gavidia, donde por entonces se hacía botellona todos los viernes. Más atrás, en tiempos de la UCD, estaba el Teatro Real, en Joaquín Costa, mundo bufo, inteligente y maricón que alentaba el Carnaval en la Alameda y en Cuaresma montaba sus Estrellas sublimes o Macarenas, guapas, guapas, guapas, en besamanos a base de klínex y papel de plata. Lo cuentan Molina Flores y Vicente Tortajada.

El calendario específico de Sevilla empieza en la Cabalgata de Reyes (fecha en la que las bandas de música cierran su año musical y empiezan el nuevo) y dura seis meses. En ese medio año la Sevilla que puede permitírselo sale de una fiesta y se mete en otra, anda de víspera en víspera, de resaca en resaca, encabalgamiento que ejemplifica el domingo de Resurrección, mañana de penitentes, tardecita de Maestranza. Es ciclo de primavera que pasa por el Rocío y se hace verano en Matalascañas. Tiene dos citas de cierre, las dos donde empezó: en la Catedral. Una es el Corpus y otra es el 15 de agosto cuando la Virgen de los Reyes. En el semestre festivo de Sevilla falta el Carnaval, que parece que huyendo de la gracia de la ciudad de la gracia se hubiera ido hasta Cádiz. Durante unos años fue una carnaval la noche del 7 de septiembre, vigilia de la Inmaculada, pero en esto llegó Palacio [arzobispal] y mandó rezar. Otra fiesta que no ha cuajado ha sido la feria de otoño o Feria de San Miguel. Y es que con el frío Sevilla tira al campo o la Sierra, días de candela y matanza. Nota: el señorito sevillano pasa este tiempo sin quitarse el traje oscuro de capillita que se puso el Miércoles de Ceniza.

En el postfranquismo, integrarnos en ese calendario parecía compatible con el cambio que esperábamos. La militancia en el PCE (en el que había una poderosa corriente de cristianos por el socialismo) casi identificaba reconciliación con las hermandades como parte de la política de reconciliación nacional. Luego vino Felipe González. Toda España bailaba por sevillanas y se iba a venir a la Expo en el Ave. En la Feria abrieron la Pecera y el Garbanzo Negro. El Cerro del Águila sacaba adelante dos hermandades, una de penitencia y otra al Rocío; también al Rocío, el Polígono Sur. Chavales de los barrios vestidos de capillita se venían al Centro a ver procesiones. Parecía que se abría y se compartía el tarro de las esencias, tan celosamente custodiado por la Sevilla de negro.

Pero la Sevilla de negro es mucha Sevilla y enseguida iba a demostrarle a la de colores quién manda aquí. Primero, porque los niveles de democratización empezaban a serle preocupantes y, después, porque la Sevilla católica y mariana iba a acudir con ímpetu (como segunda Roma que es) al rearme de occidente y de la religión, a demostrar su cara más auténtica, esto es, más integrista.

Nuestro intento se rompió por tres ejes. El eje de las clases (siempre las hubo y siempre hubo ricos y pobres), el eje de las creencias (Dios distingue a los suyos, de entre curiosos, laicos y diletantes) y el eje de la antigüedad (que en Sevilla es más que un grado). Tal y como se las gasta últimamente esta Sevilla, más que reconciliación, hubiera hecho falta una ruptura. No pudo ser.

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Artículo relacionado: La fiesta según Sevilla

LA CRISIS DEL LENGUAJE O EL LENGUAJE DE LA CRISIS (EL TITÁNIC, LA PRINCESA Y EL LEÑADOR)

In opinión on 24 abril 2012 at 11:26

El Estado, en tanto acuerdo entre ingobernables, ha sido siempre mal mayor, monstruo o Leviatán. Psoe y pp, siguiendo rancias consignas democráticas, han hecho creer que existe un Estado del bienestar.

El bienestar según el psoe fue subvencionar conceptos como vivienda, educación o familia, y ayudas al consumo sostenible, política de fachada de igualdad de oportunidades con renuncia expresa a corregir la desigualdad social. Algunas de esas medidas fueron desde el principio demagógicas (plus por parto); otras encajaron como altruismo universal (sanidad gratuita) y hasta las hubo que provocaron el rechazo de la parte supuestamente beneficiada, como la gratuidad de libros de texto ‑¿Mi hija estudiando en un libro usado?‑ y un ordenador portátil por estudiante. ‑Como si eso arreglara el fracaso escolar.

Huérfano de teoría (hay que recordar que el psoe abominó del marxismo en tiempos de Felipe González), y con pce y sindicatos garantizándole la aceptación de la democracia (cuya transición habían firmado como ejemplar), el socialismo español creyó que el Titanic capitalista jamás se iba a hundir. Tanto fue to el mundo es bueno, que hasta el islámico tapadismo de género ‑contrario a igualdad y coeducación‑ se dio por bueno con tal de no violentar a su excelencia el si les gusta. Viva la gallina con su pepita.

España estaba a punto de adelantar a Italia y calentaba el sillón 21 del G-20. El Rey Juan Carlos mandaba callar al indio de Venezuela y ¿por qué no te callas? fue la camiseta de españolitos que no solo cambiaban de móvil cada dos por tres, sino de funda, con lo que aburre un teléfono siempre del mismo color. Junto a Venezuela y a Cuba se despreciaba a China, no cierran nunca los chinos, aquello son dictaduras y aquí estábamos en democracia. El crédito del Santander, las tiendas de Zara y los goles de la selección española de fútbol fueron la lechera de clases trabajadoras en tres generaciones elevadas a categoría de clases medias. Con ugt impidiendo la Central Única del Trabajo y con los sindicatos de pilotos y controladores tan lejos de los suyos, la clase obrera española estaba missing, desaparecida.

Cuando vino la recesión que llamó crisis, el psoe montó una trola formidable. Resulta que la culpa era del sector inmobiliario (menor, al lado de banca y finanzas) y no del capitalismo en sí. Y culpa también de la ambición de nuestras clases medias (no de las altas), por haber querido vivir por encima de nuestras posibilidades. Las medidas del Gobierno de Zapatero fueron, otra vez, lineales e injustas. Retrasar la jubilación y bajar el sueldo al funcionariado significa nada para quien viaja en primera clase por esta vida y es una auténtica putada para la tripulación, que va en tercera. Al tratar por igual trabajo cotizado por cuenta ajena, trabajo autónomo y no-trabajo (rentista), el psoe demostraba ninguna sensibilidad social y dejaba además al funcionariado a los pies de dos caballos: la empresa privada y la opinión pública, que juraría que qué bien vivís y qué vacaciones, de maestros: que haya colegio hasta julio. Del decretazo, al cainismo.

En su turno, el pp, como partido clasista que es, y en su afán de recortar, matiza el bienestar con factores de renta. Y se hará un lío. Ni tontos ni marxistas, pillemos al pie de la renta ese lenguaje. Será verdad la gratuidad total de servicios para quienes no tienen, y será verdad, por fin, que quien tiene todo pague todo.

Al Estado-Patrón hay que exigirle que ‑igual que regula el salario mínimo‑ regule el salario máximo. Que decrete una ley de derechos adquiridos: sueldo, jornada laboral y pensiones. Y que se ponga, como Estado, a trabajar. Que en vez de tutelar a la monarquía, Presidencia asuma la Jefatura del Estado. Que en vez de criticar el pueblo a la clase política, no haya clase política. Que Congreso y Senado se unifiquen y que no pueda nadie vivir de la política profesional, de la representación como oficio. Subvención cero a ugt y Comisiones. Que las fuerzas armadas trabajen de policías, bomberos o protección civil. Que España se declare neutral en el concierto de las naciones, con renuncia a la guerra y a la fabricación de armamento.

Que despierte el leñador y que la bella
durmiente despierte:
Vuelven las clases sociales.

daniellebrato@gmail, 23 de abril de 2012

¿Qué significa ni tontos ni marxistas?

In personales on 20 marzo 2012 at 13:31

¿QUÉ SIGNIFICA NI TONTOS NI MARXISTAS?

¿QUÉ SIGNIFICA NI TONTOS NI MARXISTAS?

En ciencias sociales, no se conoce método de análisis y síntesis del conocimiento que supere al marxismo. No es que sea el método mejor; es que es el único. Pero lo mismo que a la gente de Media Markt no gusta que la tomen por tonta, tampoco gusta, o “no se lleva”, que nos tomen por marxistas.

Ni tontos ni marxistas nació como frase en respuesta a un artículo de Alfonso Lazo en el que el ilustre se despachaba con aquello de que la democracia es lo menos malo que se conoce, frase piloto del pensamiento tópico, más de derechas que sus muertos. (Donde muertos adquiere todo su sentido literal, porque los tiene, y muchos, la democracia.)

Ni tontos ni marxistas, no hace falta leer a Marx ni ser muy listo para darse cuenta de la vaina que nos venden por democracia. Estaremos de acuerdo en que la democracia mejor sería la más estadística. Contra la estadística y a favor ‑es un decir‑ de la democracia ahí están esos países que eligen presidente a su banquero (Pujol, Berlusconi).

El pilar de la democracia es ridículo y es el principio de “igualdad (todos somos iguales) ante la ley”. Riamos pues. Y no hace falta comparar los tratos que de la justicia reciben Garzón, Urdangarín o un vagabundo común. Aunque la justicia funcione, ya dijo Marx que todo derecho es el derecho de la desigualdad, o sea que, incluso tratando por igual a esas personas, la desigualdad se queda como está. Somos 364 días del año desiguales pero un día, el de las urnas, “una persona, un voto”. ¿Mande?

El mecanismo que consagra la desigualdad es doble: representación y profesionalización. Representación no es presentación, igual que el teatro no es la realidad. Si en teatro hay público y actores, en la democracia hay una clase política (activa) y una masa electoral (pasiva). Añadan censos, circunscripciones, sistemas más o menos proporcionales. Fijen un sueldo a sus señorías y unas condiciones para su mandato. Con ustedes: ¡la democracia!

Pero si la democracia fuese democrática, las clases trabajadoras ganarían por goleada. Si la democracia fuese democrática, resultaría un poder diferenciado de los otros poderes del Estado y ni la monarquía ni la banca ni las iglesias ni la milicia tendrían nada que hacer allí. Bastante sería que el banquero siguiera siendo banquero; y el señor obispo, obispo. De cuya existencia democrática (tema de la democracia social) habíamos dicho que no íbamos a hablar hoy, ni tontos ni marxistas ni demócratas.

COMUNISTAS

In opinión on 7 marzo 2012 at 20:19

COMUNISTAS
(película del siglo 20)

COMUNISTAS en PDF para impresora

Diez días que estremecieron el mundo
John Reed (1919)

Que siguen los rusos en tu patria / y que nunca llegaron a la mía
Jesús Munárriz (1975)

De tanto ir por la vida en igualdad y a fondo común, uno se hace comunista,
y eso, al margen de la propaganda anti y de las malas prácticas reales
que ha conocido la humanidad en nombre del comunismo
Ni tontos ni marxistas (2012)

Guion gráfico. Storyboard.

No hay línea de Alta Velocidad que no haya costado un plus en vidas humanas. Obreros que se precipitaron al vacío desde un viaducto o por aplastamiento por estructuras que se les vinieron encima. Aun tomadas todas las medidas de seguridad e higiene en el trabajo, el accidente es inevitable. Lo cual no consuela a la familia de la víctima, que pensará ‑con razón‑ que siempre mueren los mismos, no ingenieros ni accionistas de la empresa constructora. Otro modo de verlo es que los muertos a buen seguro hubieran preferido otra política de obras públicas. Menos Ave y más viviendas, escuelas y hospitales en sus barrios obreros, si es que tiene que haber ‘barrios obreros’. En fin. Para pactar el tema, podemos aceptar un número de bajas por kilómetro en comunicaciones, por último, el progreso. No diremos lo mismo de los caídos por Keops o Notre-Dame, obras levantadas a mayor gloria de un solo hombre, el faraón, o de una casta, sacerdotal. Tampoco en la exótica medina somos ajenos a que buena parte del exotismo lo aportan las mujeres tapadas, por ellas o por sus varones familiares. Da igual. Una costumbre que no progresa. Una cultura que lo permite. Una religión que invade espacios que deberían ser laicos en todas partes ‑como derechos humanos‑, paisaje humano “sin discriminación por nacimiento, raza, sexo o religión”. ¿Les suena? Sin tapadas en la Yemá y sin parias en Benarés se perderá exotismo pero se ganará en salud y civilización. Y la misma lógica, a las corridas de toros. El Coliseo de Roma, mejor sin sangre de gladiadores.

Panorámica. Milenios y milenios de costumbres, cultura o religión (esos horrores) se enseñan en colegios y se inscriben en Constituciones. El pretexto es que el mundo no conoció su bondad, caso de unos Derechos Humanos, “que no se cumplen”; caso de un Reino de Dios que “ojalá se cumpliera aquí en la Tierra”. Obreros muertos, mujeres maltratadas y animales intocables se venden como civilización, y se está a la espera. Que si un mundo mejor, otro mundo es posible. En cambio, no se da la más mínima oportunidad a la utopía social. Primer plano. Puede usted seguir tapando a su mujer y abrir comercio respetable. Puede darle permiso o ella tomárselo para quitarse el velo en pie de igualdad. Voz en off: ¿No serán ustedes comunistas?


Vuelta atrás (flashback)

Toma 1.

Desde la Gloriosa Revolución, inglesa de 1688, hasta la Revolución de los Claveles, Portugal, 1974, en todas las revoluciones coinciden una guerra y un pueblo que pasa hambre. Un soldado ruso apunta al zar.

Toma 2.

El soldado se cuestiona en la guerra lo que en tiempo de paz ya era evidente. Cuál es su bando. Una patria o una clase social. Si es por patrias, yo francés y tú alemán, podemos pegarnos unos tiritos. Pero, si es por clase social, los dos obreros, no vamos a matarnos por intereses de la patronal.

Toma 3.

En tiempo de crisis ‑esa otra guerra‑ la emigración anula el factor nacional y el trabajo se paga por su cotización mundial: ingenieros con ingenieros, mano de obra con mano de obra. La patria era el lujo que podíamos permitirnos.

Toma 4.

Dos fechas. 1848. Manifiesto comunista. 1948. Fundación de Israel. Hoy sabemos lo que los muertos de las dos Guerras y del Telón de Acero no podían ni imaginar: que Rusia y Estados Unidos, Merkel y Sarkozy iban a darse un beso.

Toma 5.

La gran guerra del siglo no fueron las mundiales de reparto capitalista. La gran guerra fue contra el socialismo, forzado por el bloqueo a socialismo en un solo país. Un solo país significa el fracaso del internacionalismo, de la Internacional.

Toma 6.

De la Primera a la Cuarta, las Internacionales van a compás de la historia. Las de 1889 (centenario de la Revolución Francesa) y 1900, dieron la Internacional Socialista. La de 1919, la Tercera, Comunista. La Cuarta, 1938, ya será el sueño de Trotski por una revolución mundial. Che Guevara exportó otra revolución, otra internacional: la guerra de guerrillas. Del Che hicieron camisetas.

Toma 7.

Noviembre de 1989. Quienes saludan con euforia la caída del Muro de Berlín, ignoran lo que espera a la pobre gente: mendicidad, emigración, subempleo, mafia y xenofobia. Lo dice mi asistenta, que es rusa y desconfía de las rumanas, y lo dicen los mendigos por el puente Carlos, Praga.

Toma 8.

El guiño de Occidente funciona mientras que el desarrollo y la cuota de mercado pinten bien para las clases trabajadoras, de pronto convertidas en clases medias y sus organizaciones, en cómodos partidos y dóciles sindicatos.

Toma 9.

Veraneos con niños saharauis. Oenegés sin fronteras. Galgos por la Alameda. Especies protegidas que habrá que comerse en cuanto apriete el hambre.

10. Epílogo

Después de Berlín, el progresista se declara por la paz y no violencia, no por la paz y el desarme. Se lleva ser crítico con la democracia pero con la muletilla de que es el menos malo de los sistemas posibles. Se lleva ser antisistema aunque asociando bienestar a dinero y dinero a sistema porque “eso es lo que hay”. Esta postura es de raíz posmoderna (Umberto Eco, Apostillas, 1987). Ya nadie puede ingenuamente hacer declaraciones de amor al capitalismo pero, salvando las distancias, podrá seguir amándolo y vivir del cuento como intelectual o como artista sin parecer un yupi o un pringado de mierda. Más claro, el 15-M.

11. Créditos

Alguien calcula las víctimas y atropellos del ismo comunismo, incluyendo todo el terror rojo que nos han contado y todos los Paracuellos de este mundo. Calcula luego el peso en sangre de otros ismos. Salen más atrocidades con cargo a cristianismo, religión o progreso. Sin embargo, se elevan a la Alianza de Civilizaciones. Lo que no va en civilización, va en cultura o en costumbres. Y, si no, en democracia. O en libertad o en si les gusta.

12. The end

En la misma hoguera que el estalinismo, arde el socialismo, fase primera hacia una sociedad sin clases sociales, que sería el comunismo. De paso, se quema el marxismo, esa dialéctica que explica la historia como una sucesión de sistemas económicos. Se termina haciendo creer que era el marxismo ‑no la economía‑ el causante de la lucha de clases. Muerto Marx, se acabó la Historia.

13. Toma falsa

Tráiler del siglo 21. Torres Gemelas. Alguien se sube al metro. Parece Londres. Pero es Atocha. La toma, desgraciadamente, es real.

 

IGUALDAD

In personales on 25 febrero 2012 at 11:01

IGUALDAD

De los tres lemas soberbios de la Revolución Francesa, libertad, igualdad y fraternidad, solo la igualdad es absoluta. La fraternidad es de carácter altruista, algo parecido al amor al prójimo modernamente desarrollado en forma de oenegé. Ser fraternos no cuesta nada, y la libertad…

La libertad la entendemos en tres planos: en un plano metafísico, en un plano político y en un plano individual. La libertad metafísica nos iguala, así que no hay para qué hablar (ni de ella hablaban los revolucionarios franceses). La libertad política que da libertades civiles ha sido fácil de redactar en constituciones y declaraciones pero de qué valen esos derechos si la mayoría no se los puede costear. Ya te diré cuando me compre el yate.

Libertad es elegir y elegir, ni elegimos nacer (fuimos nacidos) ni elegimos la cuna y clase social. A partir de ahí, la mayoría se va de este mundo sin saber qué es la libertad. Simplemente, porque quien manda en sus vidas no es ni libertad ni igualdad ni fraternidad, sino necesidad. Los acomodados del primer mundo no queremos ver este estado de necesidad que padece el tercero y por eso le aplicamos al mundo indigente graciosas categorías y valores espirituales que conformen su espíritu. No me dirán que no quedan graciosas nuestras consignas de realización personal (sé tú mismo, tú a tu bola, si es lo que te gusta) aplicadas al negrito muerto de hambre de nuestros sueños oenegeros (antes domundgueros). Solo por esa falta de libertad que padece quien solo piensa en sobrevivir, merecería la pena repartir con ellos nuestra igualdad, esa que sostiene nuestro derecho al sé tú mismo protagonista de nuestras vidas: yo artista y ella abogada. Aunque entre derecho o arquitectura, o entre tocar el violín o escribir novelas también nosotros elegimos muy limitadamente.

La clase que hereda ni elige ni le hace falta, no es libre más que para salirse del guion de lo previsto: es la libertad de la duquesa que salió roja y lesbiana, la del príncipe inglés que por amor a una plebeya renunció a la corona. Aparte de estos colorines, la herencia impone su necesidad: la de asegurar esa línea que hará del infante futuro rey, y de un otro mocoso, terrateniente o ganadero. A otra escala, también de la farmacia sale la hija farmacéutica y donde hay tienda o taller, tenderos o mecánicos herederos.

Libertad libertad solo se tiene y se practica cuando la necesidad (de sobrevivir o de heredar) no aprieta y donde una estrategia individual puede dar una vida u otra. Desde El lazarillo de Tormes la libertad es de clases bajas que quieren venir a más y que tienen las justas luces, las habilidades de imitación como para arrimarse a los buenos y ser uno de ellos. La libertad es la novela y la novela es libertad. Fuera de cuatro casos ejemplares, las clases medias ejercemos poquísimas libertades, elegimos lo mínimo que se despacha: si estudiar o no, si ciencias o letras, cosas así. Ni en el amor hay libertad. El amor de nuestra vida no es más que un mito para consumo interno de las parejas que se quieren bien y se subliman como nacidos el uno para el otro. La verdad es que queremos (y dejamos de querer) a quien se pone en nuestro camino, y ese camino está lleno de nuestras limitaciones y de las limitaciones de las otras personas: encontrarse, conocerse en el momento oportuno, casualidades.

Me nacieron en Ciudad dentro de una familia clase media. Me pudieron dar estudios y con esos estudios elegí hacerme funcionario profesor. Dentro de poco me jubilaré sin haber cambiado nunca de trabajo. A las mujeres de mi vida, a una la conocí en la facultad y a otra en el instituto donde ella vino destinada. Es verdad que dentro de un margen hubiera podido elegir otra carrera y que a lo peor, si no hubiera yo aprobado las oposiciones, estaría ahora trabajando en un colegio privado; que hubiera podido sumar otra licenciatura a la de Filología; que hubiera podido quedarme en la Universidad. En el plano familiar, en vez de tener dos hijos hubiera podido tener tres o tener ninguno. Cuando la paguita dio algún ahorrillo, pude irme a la Sierra y después pude vender la Sierra y comprar algo en el Mar. Mi libertad es un cruce de voluntades. Fui libre para hacerme la vasectomía, para no romper mi primera relación de pareja, libre para hacerme homosexual, libre para escribir o no los libros que tengo escritos. Fui libre para acceder a mi primer ordenador y, con permiso de mi analítica, soy libre entre cubata o cerveza. Una sola pieza que yo hubiera cambiado en mi vida, mi biografía hubiera sido distinta, pero básicamente mi vida estaba ‑está‑ escrita, entre genes y adeenes, casualidades y circunstancias como las que he contado por encima. Mi libertad compartida deja nombres que hubieran podido ser otros: Javier, Juan, Juan Rabadán, San Isidoro, De quien mata a un gigante, Citroën, Sanlúcar de Barrameda están en mi vida porque yo quiero y porque los he podido querer. Así, puedo decir con Machado que al cabo nada os debo. Aunque sí debo. Basta que el Estado patrón me rebaje el sueldo, como ha pasado y está pasando ahora, para que mis libertades (en igualdad) disminuyan. Dadas las formas de vida, no es probable que mis hijos cuiden de mí en la edad provecta y entre consultas médicas y quirófanos a la vista, parte de mi dinero-libertad sé que lo tengo que destinar a una jubilación y a una vejez dignas.

Entre la libertad y mi libertad, la política, quiere hacerme creer que disfruto de libertades cívicas. Para ello, me hablan de Constitución, elecciones libres, votaciones en urnas de cuatro en cuatro años. Pero eso no es libertad ni igualdad. En el mejor de los casos, sería estadística. Mi libertad no estuvo en el franquismo, ni en la transición, ni con Felipe González ni con Aznar ni con Rajoy. Mi libertad no la veo en los sacrosantos conceptos o instituciones: cultura, civilización, occidente, OTAN, Europa. Y aunque una vieja teoría de raíz cristiana me ofrece siempre la fraternidad como salida, y esos modelos (Gandhi o Teresa de Calcuta) supuestamente altruistas, mi fraternidad se limita a condolerme del mal ajeno, a sufrir (tampoco mucho) con quienes sufren. Gracias a mis cultivos fraternos no soy un hijo de puta. Me duele ver que hay quien busca en los contenedores la comida que me sobra, altramuces del cuento de Patronio, cáscaras que otros aprovechan.

Del total de mis actos en mi vida adulta, cinco de cada siete tienen una motivación económica, quiero decir: para ganar la vida. Supongamos que sábado y domingo son más de mi libre disposición, pero también mi tiempo libre está predeterminado, sigue un guion. Mis compras, mis planes, mis viajes, mis lujos siguen dependiendo de mi jornada y mi jornal. Ya pueden políticos y constituciones democráticas garantizarme libertades, que nunca iré a aquel hotel de lujo. Ya pueden poner se vende campo de golf. Alguien lo comprará con su libertad porque mi libertad no me alcanza.

Biblias y Constituciones son el cuento de la lechera de la igualdad y los cuentistas debieran dejarnos en paz. Eso abriría paso a discursos menos cínicos. Valores como cultura, civilización o democracia lucirían como lo que son: no joyas de la humanidad sino bisutería para la ocasión.

Ni tontos mi marxistas, la igualdad la practicamos en nuestros círculos inmediatos. En igualdad, mi pareja, en igualdad la cuenta que pagamos en los bares. En igualdad, mi derecho y el tuyo. De tanto ir por la vida en igualdad y a fondo común, uno es sanamente comunista, y eso, al margen de la propaganda anti y de las malas prácticas reales que ha conocido la historia en nombre del comunismo. Quien sepa de otra utopía más igualitaria que el comunismo, que corra pronto a decirla. Quien sepa de otra égalité.

daniellebrato@gmail.com, febrero de 2012

San Javier Bueno, mártir

In personales on 9 febrero 2012 at 9:25

1.
Rubalcaba centró su campaña en los silencios de Rajoy: Rajoy mantenía un programa oculto, guardaba un secreto. Como el cura de San Manuel Bueno, mártir. Sin embargo, es Rubalcaba/Griñan quien hubiera tenido que contar al pueblo lo que pasa: «Que se acabó el chollo. Que la fuerza de trabajo de otros países emergentes ofrece la misma calidad a mitad de precio. Que lo de crisis (con el PP: recesión) era eufemismo por no decir cambio de ciclo en los repartos mundiales, que no ha hecho más que empezar. Por tanto (al político gusta la auto consecutiva por tanto), lo que se va a votar el 25 de marzo no es si a Andalucía le van a tirar un penalti, sino a quién ponemos de portero. Alguien como Griñán, dispuesto a echar balones fuera, o alguien como Javier Arenas, que desde un principio juega a favor del equipo contrario.» Ese es el secreto.

El 15-M ha hecho encaje de bolillos por no llamar al sistema por su nombre. Con su lenguaje ético, el 15-M pretende combatir abusos, voracidad, codicia, excesos, corruptelas, siempre en clave de pecados o delitos morales. Pero, hablando de moral, usted que esto lee, ¿no invertiría en Francia, antes que en Italia; y en Alemania, antes que en Francia? No lleva usted años ‑yo también‑ pagando a la baja una mano de obra inmigrada que hace por nosotros lo que no queremos hacer (cuidar ancianos, limpiar casas). Detrás del éxito de nuestros másteres, artistas y Erasmus, hay mucha mierda que quitan el ecuatoriano o la colombiana. (Como detrás de Zara hay mucho chino.)

Ni tontos ni marxistas, exige el 15-M que la economía no mande en nuestras vidas pero no sabemos si eso incluye la economía heredada de papá y mamá, herencias y rentas que han dado estudios y carrera (al final: tiempo libre) al movimiento de los indignados (incluye: indignadas y mileuristas).

Sin diagnóstico no hay curación y la curación empieza por reconocer uno su enfermedad. ¿O es que se teme que, nombrando al capitalismo por su nombre, vengan a las conciencias otros ismos alternativos como socialismo (¡socialismo real, ya!)?

2.
Con un ojo en Grecia, Rajoy está contra el estado del bienestar. Señoras y señores: a trabajar, que hay que abaratar el producto “mano de obra española”. Como si ese abaratamiento de la fuerza de trabajo bastara para salir de la crisis. A estas alturas de la película hay que decir la verdad: la mano de obra barata sí es un aliciente para la patronal nacional en empresas de corto alcance, local o regional. Es de cajón: a menos gasto en mano de obra, más beneficio.

Pero a nivel mundial el producto “mano de obra española” compite con otros productos francamente más competitivos (mano de obra taiwanesa, turca o brasileña), y en esa competición (donde sin rubor entran Zara o Telefónica, pero también pequeñas fortunas que se van para la Bolsa), en esa competición no hay piedad ni habrá salida hasta que el producto “mano de obra española” vuelva a ser competitivo, y eso será cuando los costos laborales de la marca “España” se igualen (a la baja) con las marcas laborales que vienen pegando fuerte. Ríanse de los chinos.

Rajoy pensó que con él en la Moncloa el gran capital internacional invertiría en España. Ya se ve que no. Pero el pequeño y mediano capital nacional está que se frota las manos: a tres euros la hora de trabajo y prácticamente en régimen de despido libre, en plan lo toma o lo deja, ¿cómo no van a estar con el PP las empresas y, con las empresas, el casposo pensamiento ruin que ha votado a la derecha?

En la era Rajoy, Andalucía se ha convertido en la aldea gala contra el PP. A ver por qué la izquierda no plantea un amplio frente progresista de unidad, desde el PSOE y el 15‑M para allá, incluidos sindicatos y movimientos sociales.

Epílogo. Mi gente, de ideas sociales, votará al PSOE, a Equo o a Izquierda Unida. Domingo 25 a mediodía estamos condenados a una comida deprimente (telediario: cómo va la participación) y por la noche a cenar con la sonrisa de Javier Arenas. San Javier Bueno, mártir.

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